Decisiones

Cada día nos enfrentamos a la toma de decisiones, desde que abrimos los ojos en la mañana y decidimos tomar una ducha, desayunar o no, ir en bicicleta o en metro al trabajo, cruzar la calle o seguir en la misma vía, la escogencia de lo que vamos a almorzar, etc etc. Normalmente este tipo de decisiones no son cruciales en la vida, no van a darle un giro de 180 grados a nuestra existencia, simplemente hay que tomarlas para que el día siga su curso con normalidad.

Sin embargo hay las decisiones trascendentales también, como el lugar en donde voy a pasar las próximas vacaciones, si salir o no con cierta persona, si ser parte de una religión, secta, tribu o no, el hecho de buscar un nuevo trabajo y poner en riesgo la estabilidad actual, cambiar de país o quedarse, recuperar un gran amor del pasado o mirar el avenir…

Estas decisiones, normalmente nos trabajan día a día en la cabeza pero generalmente son las que esperamos hasta el último momento para tomarlas, cuando el timeout llega a su límite y estamos obligados a actuar. El problema es que en esta misma categoría de decisiones no todas tienen un timeout por defecto y es a nosotros mismos de definirlo, de decir, “bueno ya!!! voy a dejar de hacerle perrito a esto y voy a hacer esto y punto!!”. Pero para llegar a ese punto casi siempre se pasa un lapso de tiempo enorme pues siempre tenemos temor de escoger la vía incorrecta, de las consecuencias, de no poder volver a atrás, de perder la tranquilidad del presente, porque es mejor un presente mediocre que correr nuevos riesgos.

En este momento de mi vida, tengo en background desde hace 2 años una decisión tipo “trascendental – sin timeout” sin resolver… y para ser sincera, siento que no me deja avanzar en la vida, no me deja ver el avenir,
y ya está empezando a volverse un gran peso sobre mis hombros. Hoy me doy cuenta que le he huido a esta decisión porque siempre he pensado que no solo depende de mí y que sólo si me dan semáforo verde la ejecutaré, es decir, siento como si no dependiera solo de mí… Es una decisión que concerna mi pasado, en resumen, es un “revenir en arrière” contra olvidar, y siento que para decidir cualquiera de las dos necesito el semáforo verde, pero cada vez me doy cuenta que el semáforo está rojo y que no quiere pasar ni a amarillo…

Tengo que tomar una decisión, la vida me ha enseñado varias veces que podemos ser “maitres” de nuestros sentimientos (aunque no sea fácil), y que sólo depende de nosotros la decisión de amar o de odiar, el semáforo sigue en rojo, y estoy casi segura de que ya no va a cambiar de color. Hoy me doy cuenta de que esta decisión solo depende de mi y que es erróneo creer que esta en manos de otros, ya estoy más cerca, ya empecé por la técnica de contar el pasado una y otra vez para lograr liberarse de él, no soy mi pasado, lo vivido me ha ayudado a ser quien soy, pero lo que pasó se queda en experiencias….